Mitch... Algo mas que un huracán Siete meses después...un análisis imprescindible Actores sociales en movimiento, descubren nuevas prioridades por Sergio Ferrari. Siete meses después que el Mitch azotara Centroamérica y a pocos días de la decisiva Reunión del Grupo Consultivo a realizarse en Suecia, dos constataciones y una hipótesis a largo plazo fundamentan este balance regional imprescindible. REALIDAD UNO: FRACASO GUBERNAMENTAL Si bien los presidentes de los países centroamericanos apuestan a encontraren Estocolmo una fuente adicional de oxígeno financiero (y por lo tanto refuerzo político a sus gestiones), difícil ocultar para ellos que el proceso de integración regional se encuentra hoy en uno de sus momentos más bajos de los últimos años y no existe voluntad para construir una verdadera institucionalidad regional. Tal como lo afirma la prestigiosa revista ENVIO, de la Universidad Centroamericana de Managua, « a pesar del énfasis regional que los gobiernos europeos - y el sueco como anfitrión - quisieron imprimir a la cita y a los proyectos a presentarse en ella, cada gobierno llegará al encuentro buscando tirar la mayor cantidad de agua a su propio molino ». Si bien desde octubre en adelante hubo varios encuentros regionales al más alto nivel, la fraternidad centroamericana y los ideales integracionistas quedaron relegados a una simple retórica. La diferente dimensión del impacto del Mitch en cada país justificó un renacimiento del « nacionalismo » competitivo, según analistas centroamericanos. El relativo estancamieto en el proceso de integración a partir del año 1994, cuando se lograron acuerdos comerciales, tras el Mitch se convirtió en un marcado retroceso. En cuanto a la lógica operativa concreta, la necesidad de varios gobiernos de la región de desresponsablizarse en un segundo momento de la distribución de la ayuda de emergencia endosándola a organizaciones privadas o las iglesias católicas nacionales, aparece como un síntoma de debilidad de la gestión oficial. Debilitados por modelos privatizadores al extremo, algunos Estados centroamericanos se presentan como incapaces para reaccionar con eficacia y autoridad moral en situaciones de emergencia como la del huracán. La denuncia pública de Leo Valladares, Comisionado Nacional de Derechos Humanos de Honduras, a mediados de marzo, señalando irregularidades en la distribución de la ayuda internacional desató un escándalo político de consideraciones en ese país. Valladares señaló malos manejos, entre otros, de parte de la « Fundación María » presidida por la esposa del presidente Carlos Flores. Una ofensiva oficial tendiente a remover al Comisionado, promovió fuertes reacciones y movilizaciones en Tegucigalpa, que obligaron a revocar la decisión del ejecutivo. En Nicaragua, por su parte, una encuesta realizada por la Coordinadora de la Sociedad Civil en 10 mil 529 hogares, de 152 comunidades de 70 de los municipios más afectados por el huracán, es contundente. 30 % de los daminificados declaró no haber recibido ninguna ayuda. Paradójicamente, 62 % de quienes en las zonas afectadas no perdieron nada, sí recibieron ayuda. Llegando a extremos, como en la región de Boaco , donde el 94 % de los asistidos entra en esa categoría. El 56 % de los daminificados, por otra parte, asegura que la ayuda no les llegó hasta 8 días después del paso del huracán. Y según el « Nuevo Diario » de Managua, en su edición del 20 de abril pasado, sólo el 16 % de los encuestados recibió apoyo en los tres primeros días posteriores a la tragedia. Un escaso 2 % de los encuestados recibió asistencia del Gobierno, en tanto el 98 % restante la recibió de organismos internacionales, ONGs nacionales, las alcaldías (solidaridad vecinal) e iglesias. En Honduras y en mayor medida en Nicaragua, los meses de marzo-abril estuvieron marcados por fuertes denuncias y movilizaciones contra la corrupción de los Gobiernos de turno. La movilización de un importante sector popular de Managua, autoconvocada a través de la radio comunitaria « La Primerísima » el 25 de marzo pasado, abrió un activo proceso de protesta social. Si bien la denuncia de corrupción contra la administración de Arnoldo Alemán no se limita al manejo de la ayuda post-Mitch, de hecho la incorpora. Malestar que derivó, durante la última semana de abril y la primera de mayo en una convulsión social sin precedentes en el país en la gestión de Alemán. Dos muertos, decenas de heridos y detenidos en la protesta indica un desgaste gubernamental en aumento del cual el Mitch no es ajeno. La retórica del ex-presidente sandinista Daniel Ortega que en medio del conflicto amenazó en « no ir a Estocolmo para no ser cómplice de un gobierno ladrón y corrupto » manifiesta esa relación entre post-Mitch y crisis en aumento. REALIDAD DOS: ACTIVA DINAMICA SOCIAL Si la gestión post-Mitch de los gobiernos está marcada por fracasos más o menos significativos, la consolidación de la coordinación del movimiento social (ONGs, organizaciones populares etc) aparece como una constante. Esos Foros, Plataformas, Coordinaciones, con potencial propositivo en aumento, aunque perfectible, lograron fortalecer el intercambio regional y definir una declaración política consensuada. La misma fue suscrita por la Coordinadora Civil para la Emergencia y la Reconstrucción (Nicaragua); el Foro de la Sociedad Civil para la Reconstrucción y Transforamación (El Salvador); el espacio Interforos (Honduras); la Instancia de Seguimiento al Grupo Consultivo (Guatemala) y la Coordinación Centroamericana Solidaria (Costa Rica). Y aunque no tuvieron la capacidad de elaborar un Proyecto Regional único de reconstrucción de cara a Estocolmo ( lo que se presentó como reto desmesurado por la diversidad de los actores y los plazos limitados) sentaron bases para un promisorio intercambio futuro. HIPOTESIS DE FUTURO Espacios de coordinación nacional y regional no exenta de amenazas y cuya identidad a mediano plazo dependerá, sin duda, de la mayor o menos beligerancia del movimiento popular en cada país. Será a esas Coordinaciones de redefinir correctamente sus prioridades y roles luego de la Cumbre de Estocolmo. El dilema es claro. Se fortalecen como interlocutores independientes (verdaderos controles sociales) de los respectivos gobiernos durante la reconstrucción. O, en su defecto, corren el riesgo de ser cooptados por éstos y entrar en la trampa de una co-gestión acrítica de los fondos millonarios que recibirán los países centroamericanos de la cooperación internacional. En última, lo que está en juego para esos movimientos sociales es fortalecer su identidad y representatividad popular o capitular ante la tentación cortoplacista del beneficio lucrativo. Un desafío grande, exigente y ambicioso... CONSTRUIR DE OTRA FORMA. NO PERDER LA OPORTUNIDAD! Ramón Custodio, presidente del Comité de Derechos Humanos de Honduras, es una de las personalidades más importantes de ese país. Analistas centroamericanos lo consideran como un potencial candidato independiente para ocupar las máximas responsabilidades políticas en los próximos años. Custodio compartió su interpretación sobre el desafío actual del movimiento social hondureño -válido con matices para todo Centroamérica -, durante un reciente viaje a Suiza. « La situación post-Mitch no sólo es una oportunidad sino una exigencia. Reconstruir implica rediseñar, es decir implementar una nueva ingeniería del proceso de desarrollo. Debemos pensar en un nuevo modelo para resolver el problema angustiante de la polarización *riqueza-pobreza*... En síntesis, se trata de un momento oportuno ya que se da una verdadera coincidencia entre la necesidad objetiva del cambio y el deseo del pueblo a cambiar. Si nosotros (movimiento social) no lo sabemos aprovechar, entonces seríamos poco fieles a nuestra propia visión transformadora. Hay que lograr los cambios, hay que definirlos...Tenemos una oportunidad y es el momento de trabajar propuestas. Es un momento para impulsar iniciativas. No quiero decir que hay que terminar las protestas, pero es importante no quedarse en eso y adelantar propuestas. Tenemos que hacer las cosas y hacerlas mucho mejor. Reconstruir lo que valga la pena y construir un nuevo país, nuevas instituciones, con mayor justicia... La realidad demanda un alto grado de organización de la sociedad civil. Si bien hay esfuerzos coordinados, todavía nos falta claridad sobre la visión del país que queremos. Esa mayor visión hay que construirla. Y en la medida en que ganemos en nitidez, lograremos nuevos niveles de organización para el futuro (Sfi) |
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