Nicaragua, un testimonio-balance imprescindible Para que la ayuda no tenga el mismo efecto que el Mitch Sergio Ferrari, desde Suiza. Luego de varios años vividos en Nicaragua, y con una pausa por medio en Suiza, VL, cooperante del organismo suizo GVOM, regresó a inicios de setiembre a Matagalpa, donde trabaja como partera. Allí vivió - en las mismas condiciones que sus vecinos del barrio popular donde vive-, el Mitch y de esos momentos particularmente marcantes nace este testimonio recogido durante una breve estadía en Suiza a donde viajó para participar en tareas solidarias. MAS QUE AYUDA, « APOYO SOLIDARIO » ESTIMULADOR Pregunta: El Mitch golpeó la esencia misma de la dinámica centroamericana. Por otra parte, esa región en general y Nicaragua en particular ha sido histórico escenario de una fuerte organización social y popular. ¿ Aparecieron signos de esa organización durante el Mitch? R: Durante los días de inundaciones, en todo caso en lo que yo pude observar en Matagalpa (centro norte del país, a unos 150 kilómetros de la capital Managua), fueron sobretodo los reflejos comunitarios que más se vieron. La gente apoyándose en la familia extendida o en los vecinos más cercanos. Buscando la ayuda, un vehículo, un techo, una manta seca o un café caliente. Ciertos grupos de vecinos salieron todos juntos ante la crecida del cauce cercano. En el centro de la ciudad las circunstancias mezclaron gente de distintos sectores y barrios. A parte de los vecinos y de la parentela, fueron los Organismos no-gubernamentales a los que los damnificados buscaron. Los ONGs fueron identificados como referentes de convocación por mucha gente implicada en proyectos de desarrollo a nivel de salud, formación, vivienda, agricultura etc. Los ONGs estrechamente imbricados con sus beneficiarios. Jugando, tal vez, el rol de organismos de masas de sustitución. Fueron sin duda los principales soportes que permitieron la distribución de la ayuda de urgencia de forma relativamente inmediata. P: ¿En función de esta reflexión, en qué medida se puede hacer un balance preliminar de la antinomia compleja que existe entre la catástrofe y los signos de solidaridad social? R: Pienso que sería muy apresurado anticipar un balance, ya que todavía al momento de partir de Nicaragua no se había superado la fase más aguda de la catástrofe. Con el caos consecuente marcado, en cierta forma, por un *salvése quien pueda* que no siempre deja aparecer con claridad los signos de organización. Habrá que observar que va a pasar en las próximas semanas y meses cuando la ayuda internacional prometida llegue en forma más sistemática y masiva. Y evalaur como reaccionará la población, los distintos sectores sociales. Cómo concebirán esos sectores populares las prioridades de la reconstrucción. Lo que sí es real, es que en el marco de una descomposición social tan marcada como la que existía ya antes del Mitch en Nicaragua - y que la hace irreconocible en relación a los años ochenta-, no podemos imaginar que por acto de magia la solidaridad de entonces vuelva a prevalecer como lógica social. P: En Europa, en el norte en general, se destaron grandes campañas de activa solidaridad días después de conocerse en detalle la magnitud del huracán y sus efectos devastadores. ¿ Se puede esperar que esta ayuda de emergencia tenga un efecto real? ¿ Cómo se comportaron los distintos interlocutores nacionales frente a esta ayuda? ¿ El apoyo externo puede tener un impacto positivo frente a la grave situación del país? R: La llegada de alimentos en toneladas y de plata en millones determina una *política de recepción* en el marco de una lógica predominante de *ley de la selva*, donde el más fuerte acapara lo más posible. Hay que ver que la lógica predominante hoy en Nicaragua es la de *favorecer el desarrollo en la libertad*. La economía privada aparece entonces como el motor y alma del país, tal como las autoridades gubernamentales lo defienden con énfasis como concepción de base. En ese sentido, las preguntas son grandes sobre la utilización de la ayuda, y especialmente sobre la concepción que va a imperar, superada la emergencia, en la etapa de reconstrucción nacional. Nada está dicho, todo está abierto... Y ahí nos enfrentamos a una cierta contradicción de fondo. Si por una parte es fundamental que la gente no muera de hambre y de enfermedades, y es esencial asegurar la ayuda de emergencia, por otra parte, cualquier ayuda externa puede, en estas circunstancia, traer consecuencias nefastas. Para los sectores más humildes siniestrados - y para la población en general- se corre el riesgo de reforzar a ultranza el concepto de *asistido*. Mucho más grave dado el contexto de descomposición social de la cual ya hablamos antes. Desde los años ochenta, las instituciones y organismos de desarrollo han intentado, con efectos no siempre positivos, sostener las iniciativas locales y las actitudes sociales en pro de la autonomía. Un slogan famoso de los ochenta fue *Pan con dignidad*. Cuando la catástrofe natural se impone, como en este caso, no siempre es fácil, ante la llegada de una ayuda externa significativa, hacer prevalecer el slogan. Resulta muy difícil controlar el comportamiento personal de tratar de aprovechar, de tomar sin dar, se esperar sin pensar o actuar por sí mismo. En la medida que el apoyo externo llegue como un torrente, como otro huracán, podemos anticipar un segundo desastre: el que devastará la mentalidad y que transformará a algunos de los protagonistas sociales potenciales en consumidores sumisos. FORTALECER LOS ACTORES MAS DINAMICOS... P: A veces, es difícil integrar - siempre siguiendo la lógica de la reflexión desarrollada hasta aquí- la ayuda humanitaria de emergencia y un concepto de desarrollo sostenible, a largo plazo, que se base en una propuesta popular alternativa y autónoma... R: Un sandinista de la primera hora me decía de manera clara: *hay que ver la catástrofe y la ayuda como capítulos que tienen un principio y un fin, y en algunos pocos meses esos capítulos ya se habrán cerrado... Nuestros proyectos no se disuelven ni por la catástrofe ni por la ayuda*. Si no se puede encuadrar correctamente esa ayuda externa, podría tener efectos contraproducentes desde una perspectiva a largo plazo. Esta preocupación no implica, sin embargo, rechazar la ayuda internacional, mucha de la cual, incluso, se generó en pueblos enteros movilizados o sectores importantes de la población como está sucediendo en Suiza. La visión más optimista es pensar que esta ayuda, asumida de parte de sujetos que siguen bregando por un proyecto social claro, pueda servir de fermento de organización, de democracia real, de autonomía. De manera concreta, el apoyo externo que llegue a las comunidades y a los barrios afectados con una claúsula y una práctica que los incite a organizarse entre ellos, a administrar colectivamente, a decidir, a concebir y proyectar, a innovar, e incluso que ese proceso de organización sea presupuestado dentro mismo del proyecto, puede convertirse en un apoyo externo portador de renovación. La ayuda dirigida a los que luchan por su atonomía desde siempre, en ese caso también, no debe porducir disloques significativos. Insisto en que el apoyo en el cual la concepción y la gestión sean compartidos entre organismos donantes y beneficiarios directos puede ser muy eficaz. AL DEBATE, UN NUEVO CONCEPTO DE DESARROLLO P. Para concluir, ¿en qué medida de las cenizas de esta catástrofe de proporciones pueden surgir líneas renovadoras de futuro, conceptos liberadores de parte de grupos o sectores dinámicos de Nicaragua y de América Central. No solamente para reconstruir una sociedad profundamente alterada por el ajuste neo-liberal, sino incluso para proyectar - soñar- nuevas fórmulas de desarrollo popular de futuro? R. es un componente de la idiosincracia , del espíritu nicaragüense saber voltear la página.,. *Mañana será otro día*, incluso de cara mismo a una catástrofe como la que se vivió. Hay escenas terroríficas de paisajes devastados, de casas destruídas, pueblos enterrados, niños enfermos. Pero el movimiento está dirigido a la reconstrucción y a la sobrevivencia, como necesidad vital. A salvar un par de zapatos del lodo y de reir. El dicho, « No se comporte como el Mitch, por favor », es ya parte del vocabulario popular para exigir a alguien una buena conducta. En el plano colectivo, vimos señales que son evidencias y que hay que analizar como un nuevo componente: el rol de ciertas organizaciones no-gubernamentales nacionales (muchas de ellas con sostén de ONGs internacionales). Los beneficiarios y sus promotores se movilizaron aun en condiciones penosas, por caminos intransitables, para poder no sólo traer la ayuda a las comunidades pero también para hacer rápidamente los censos, pensando ya en las necesidades futuras. Numerosos líderes de comunidades aparecieron, con un censo en la mano, para indicar exactamente el número de casas destruidas, de ganado perdido, las hectáreas de cultivo inutilizables, las tierras irrecuperables... Era exactamente eso lo que había que hacer preparando ya el futuro. El alcalde de la Dalia, al norte de Matagalpa, por ejemplo, pudo en poco tiempo presentar una visión global y bastante exacta de los destrozos sufridos en ese municipio. Pasó todo el tiempo bajo el temporal para relevar el estado de la situación. A nivel de ejemplo que tuve posibilidad de comprobar y acompañar, ODESAR (Organismo para el desarrollo municipal) en Matagalpa, también, jugó un papel destacadísimo, cuando aún las autoridades no sabían ni acertaban a dar la respuesta inicial ante la magnitud del drama. Desde fines de octubre los técnicos, y los ingenieros de ODESAR trabajan día y noche sobre sus pequeñas computadoras, o en el terreno, sin cerrar los ojos, a fin de poder dar respuesta, elaborar proyectos viables y hacerlos llegar a los organismos internacionales solidarios y amigos de afuera. La movilización es general: es un combate contra el hambre, la enfermedad y la desesperanza misma. Y este tipo de realidad se repitió en muchas de las áreas azotadas Hay, entonces, para sintetizar, signos immportantes. Y uno clave: el de la reacción internacional ante esa fenómeno destructor, particularmente para Nicaragua. Los nicas no se equivocan: reconocen en los amigos de hoy, aquellos de ayer, de los años difíciles de los ochenta. Y es casi seguro que para importan tes sectores populares, esta respuesta de simpatía externa masiva, fortalezca como en otros momentos su propia responsabilidad de lucha por el futuro. Sergio Ferrari |
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